El artista Jesús Nieto presenta en el Teatro de la Abadía ‘RONEM RAM’, es una instalación de ficción especulativa que reflexiona sobre la crisis climática a partir del actual colapso medioambiental del Mar Menor, en el campo de Cartagena.
La pieza es un organismo vivo que se mueve entre la realidad y la ficción para imaginar y especular escenarios medioambientales y humanos posibles en un futuro cada vez más próximo. Una experiencia teatral confinada para: 2 cámaras, 3 voces, una casa transformada y un montón de objetos e imágenes.
Jesús nos va introduciendo a esta pieza inmersiva utilizando lo sonoro como guía, descubrimos ecosistemas vivos y un mundo desconocido del que hace al espectador participe.
Después de acudir a esta obra, pudimos disfrutar de un encuentro online vía zoom, Jesús nos comienza contando cómo fueron sus inicios en el teatro cuánto menos inesperados, hace un resumen de su trayectoria y nos habla sobre sus procesos creativos y en concreto como fue crear esta pieza perteneciente a #TeatroConfinado, una iniciativa del Teatro de La Abadía, como respuesta de emergencia a una situación excepcional, contando así con experiencias teatrales en vivo y lograr de alguna manera, regar la sequía actual en las artes escénicas provocada por el confinamiento.
En conclusión, esta pieza y el hecho de haber podido realizar un encuentro online con el artista, es un ejemplo más de cómo podemos utilizar la tecnología tan presente en nuestra cotidianidad para crear y hacer que juegue a nuestro favor.
El contenido del siguiente vídeo son los trabajos realizados sobre Libros de Artista por l@s alumn@s de Primero Regular de la Escuela Cuarta Pared durante el confinamiento.
Ayer me bajó me tercera regla en lo que llevamos de cuarentena. Gente no menstruante, no sabéis la suerte que tenéis. Acabo de llegar del Mercadona, que agobio y que impotencia ver cómo la gente se salta las medidas. No se si es rebeldía, pasotismo o el hecho de creerse inmunes, pero me agota y me destruye por dentro verlo. Estoy pasando mi segunda semana, en lo que llevamos de cuarentena, de lo que yo llamo “improductividad productiva”. Se dice de la fase en la que me castigo a mí misma por no ser productiva en cuanto a creatividad se refiere y sentirme totalmente horrible por ello. Pero si me paro a pensar, sí que hago cosas. ¿Cuál y cómo es la vara que mide qué es creativo y qué no? Leo, ¿es creativo? Hago muñecos de ganchillo, ¿es creativo? Me he apuntado a un curso de lengua de signos, y estoy muy contenta y progresando rápido, ¿es creativo? Creo entrenamientos para hacer deporte con mi padre, ¿es creativo? Investigo cosas de antropología para la universidad, ¿es creativo? Estoy escribiendo esto, ¿es creativo? No pido que todo sea creativo. Pido dejar de juzgarme cuando hago cosas que no lo son. Al menos tengo terraza. Respiro sol mientras escribo esto.
Hace un año me estaba yendo a Sevilla. Recuerdo sentir mucha inseguridad hacia mi físico en aquella época. Pero también recuerdo lo bien que me lo pasé. Ahora tengo mucha más seguridad. Pero muchas menos risas. Muchas menos sevillanas. Mucho menos rebujito.
Parece que todo empieza a volver a la “nueva normalidad”. No quiero ilusionarme. Pero no puedo evitar hacerlo. Quiero ver las terrazas y las calles sonriendo de nuevo. No quiero ver a la gente preocupada por no tener trabajo. Quiero despertarme y que todo haya sido un mal sueño.
El equipo blog lanzó la propuesta de componer dos vídeos gemelos hablando de la rutina.
Para ello se dividió el ejercicio en dos fases. En la FASE I: RUTINA, se pidió a los alumnos que mandaran 7 segundos de una actividad de su día a día en este encierro. En la FASE II: ANTI-RUTINA, se solicitó de nuevo un vídeo de siete segundos que partiese de la actividad rutinaria que eligieron en la Fase I, pero dándole la vuelta. Es decir, buscando una teatralidad, una intencionalidad o un mensaje.
Aquí podéis ver el resultado de los dos vídeos tras su montaje.
Los alumnos de regular, tras 37 días sin verse, se reencuentran a través de una videollamada con el profesorado de Cuarta Pared. En esta entrada se vuelcan algunas de sus experiencias tras este nuevo comienzo.
Beatriz Díaz- Segundo regular- abril 2020
En estos días, desde casa, me siento espectadora del mundo
La tierra sigue girando y yo me mantengo pasiva ante su rotación
Aquí dentro a veces parece que no sucede nada durante horas.
De repente una llamada, un correo, un mensaje, un aullido
Un grito elemental que escapa
Comienza entonces una nueva ruta universal aquí dentro, en mi casa.
Día uno desde que nos vimos: Felicidades Rosa
Laura López- Segundo regular- Abril 2020
Veinte Corazones reecontrandose
Eva Gallego- Segundo regular- abril 2020
Ahinara Linares- Segundo regular- Abril 2020
«Cualquier parecido con la vida real es pura coincidencia»
Candela Martínez- Segundo regular- Abril 2020
Marta Rodríguez- Segundo regular- Abril 2020
No sé si quiero ‘volver’ al antes después
Navegué unos cuantos años a la deriva para decidir en qué puerto quedarme La indecisión y la inseguridad estaban anquilosadas en mí y me costó mucho arrancarlas. Es gracioso que finalmente llegué a realizarme a un puerto sin mar, pero a un mar de fueguitos en el asfalto.
Qué romántica me pongo en cuarentena.
No, yo no quería abandonar las aulas, los ensayos, los abrazos y las carreras a contrareloj en bici. Me negaba a aceptar que antes iba el sobrevivir que el vivir, me negaba a renunciar a mi trabajo por las buenas.
Luego comprendí, Martita, sal de tu ombligo, una pandemia acecha. Me resigné y leí un poco la prensa menos mala. Me conciencié y me quedé en casa.
Sorprendentemente, fue un tiempo tan necesario para mí, para hacer las paces conmigo, para reubicarme yo y poder establecer una relación con lo de fuera. De repente, la vista se me ensanchó y tomó altura.
Pero un mes me pasó como un año. Como un año de silencio, donde aprendí a vivir conmigo, a conocerme y a no juzgarme, a investigar sin expectativas aquello a lo que mi ser me llevaba, un año donde aprendí a vivir con mis compañeros y donde todos nos conocimos más y reescribimos el valor del respeto y de la armonía en la casa. También, un año sin afectos humanos tan necesarios para mí: mi familia, mis amigos, perros y gatos. Un año donde parecía que el mundo se acababa y la crisis sanitaria nos recordaba el valor de lo importante en la sociedad y la fragilidad que nos acecha.
Llegó abril, crecieron los días y también mi vacío. Ahora tengo claro lo que por el momento quiero y lo que no. Y lo que no, no es este lugar para nombrarlo, porque prefiero darle lugar a lo que quiero en afirmativo: y quiero seguir, quiero seguir aprendiendo, quiero de ese estímulo constante que me activa la niña y permite la creatividad constante.
Necesito del teatro y de las personas que me rodean allí y necesito de esos lugares-oasis que allí suceden.
La reunión grupal me recordó la importancia de la palabra comunidad. La importancia de conferir espacios al diálogo y la importancia de integrar la parte humana y emotiva dentro del aprendizaje. La enseñanza es un acto afectivo, y esa cualidad tiene muchas implicaciones. Creo que la escuela se acerca a una parte muy grande, a la mayoría, y creo que trata de llegar a la totalidad, lo que es más importante. Y cuando digo la escuela, me refiero a todas las personas que formamos parte de ella. Creo que es importante reflexionar sobre nuestra aportación para el conjunto y generar espacios comunitarios que huyan del individualismo exacerbado del que todas somos víctimas.
La ciudad y todas las ciudades están en silencio Todas las ciudades lo están Y los pájaros vienen a cantarnos lo estúpidos que somos La gente se topa irremediablemente con las realidades Que poco a poco han hecho pudrirse.
Unos tratan de remediar Otros disfrutan de sus entornos sanos Exentos de envidias y falsedades Dándose cuenta aún así que todo está más conectado de lo que creíamos En nuestros microcosmos ombliguísticos y narigudos. Y todo el mundo se queja Ahora hasta los poderosos han quedado sin respuesta.
Siempre me pienso irresponsable, hipócrita Y aún así doy gracias por no estar inserta en el mar de desinformación Que cada día dinamitan y ponen firmes a cuerpos que parecían dormidos.
Me levanto y pienso en acabar de leer la novela que empecé ayer Hago el amor y pienso en el placer descapitalizado que nos estamos perdiendo Estúpidos ególatras y miedicas.
Lucho constantemente contra mis inseguridades Y trato de decirle a mi mente que el cuerpo es igual a ella Que nos han intentado engañar, y ahora descubro que van unidos.
Me levanto más tarde que pronto y me siento en el sillón a acabar la novela La señora del tercero del edificio de enfrente sale tomándose un mate a regar sus plantas y me sonríe, le sonrío de vuelta.
Ahora empieza a llover torrecialmente Y pienso en las mujeres que siempre llevan faldas largas
Que pasan cada día por mi calle y se dirigen a la puerta del supermercado.
Cuando cae el sol duermen debajo del puente con cartones y mantas Lugar impregnado de olor a excrementos y comida pasada.
Las he visto muchas veces al ir y venir de algún concierto Y aunque me haya convencido de que no puedo hacer nada al respecto Sus caras y sus cuerpos tendidos debajo del puente se me quedan grabados en la mente.
Cuando los pienso a veces me rechazo a mí misma y se me mojan los ojos.
A veces navego entre fotografías antiguas Cierro los ojos y justo en la boca del estómago me viene una presión Si me concentro bien puedo sentir los olores y saborear las sensaciones Y a veces me siento tan vivida Que pienso que el tiempo, como el amor, es mera construcción de los poderosos a los que los pájaros debieran agujerear las cabezas.
Me he dado cuenta de que a través de la pantalla a veces me miro más a mí misma que a quienes tengo delante Y eso causa en mí una alegría caduca y una tristeza perenne. También me he dado cuenta de que los árboles han florecido Y que ahora disfrutan de la primavera quienes de verdad se la merecen. ¿Saldremos de esta mejores personas o nuestro destino ya está dictado? La hiperconexión constante me genera una sensación insólita Y pienso en estos días que debería reconectarme conmigo
Construyo en mi mente la sensación de un abrazo Y de una conversación cara a cara De silencios compartidos calmados
Siento calor ante la sensación de un caos que duerme Un caos pasivo que se instala en los hogares Que se activa en los hospitales y demás espacios exceptualmente habilitados para ello. Cocino las recetas de mi abuela y cierro los ojos para llegar al resultado que espero a través del olor.
Aldo Benito Bernal– Profesor ténica vocal CUARTA PARED ESCUELA
El final ya estaba escrito… Nada indicaba que su ilustrísima fuese a tardar mucho en deliberar… El Juez don Ciprés se había mostrado inquisitivo durante el juicio el abogado don Romero quedó seco y enjuto frustrado por no haber conseguido suavizar ni perfumar, las irrefutables e hirientes pruebas que con agresiva vehemencia instigó el fiscal don Cactus. Incluso las siluetas de la florida audiencia parecían dibujar mecidas por el viento las letras que componen la palabra CULPABLE Hasta en mi plástica mente aparecía la sombra de un veredicto. Nunca, en todos los soles acumulando mi función ornamental, mi discreta función de disfrazar las humedades de una esquina del juzgado, nunca, en tanto tiempo, pues lo polímeros de algunas de mis plásticas hojas ya se andaban derritiendo, Nunca me había posicionado a favor o en contra de ningún vegetal. Pero esta vez era diferente. Nuestra acusada: – plantita – no consiguió despertar la ternura en ninguno de los numerosos asistentes lo más granado de la flora, ni siquiera en una insignificante planta de plástico como yo. Pero es que el crimen no tenía precedentes la propia plantita ya había dictado su sentencia escribiendo con su propio tallo la terrible carta a mamá tierra con aquella temeraria e insólita petición: Plantita quería a toda costa convertirse en un mamífero. Su traición resultó para la audiencia IMPERDONABLE El veredicto era irrefutable incluso para algunos componentes de la fauna que no pudieron evitar, curiosos, asomarse a las ventanas de nuestro ajardinado juicio “Algo así no se puede consentir” comentaba un cervatillo con un puma en asombrosa comunión. Cuando el Juez don Ciprés volvió a la sala los que estaban dentro de esta y los de fuera flora y fauna respiraron al unísono, inhalando una armonía universal: por fin se iba a hacer justicia.
Y es en este momento donde yo me pregunto porque me habrá tocado a mi, una simple y artificial planta de plástico ser la narradora de esta historia. El juez está apunto de pronunciar el esperado veredicto pero en mi imaginación el tiempo casi se para, se ralentiza, el viento se hace lento… Y yo me pregunto: ¿Por qué yo? ¿Por qué mi cerebro de petróleo, estructura una historia para poder transmitirla? Yo tan tiesa y tan inerte que ni los pájaros se me posan… Tal vez porque el final está ya escrito, y sólo alguien tan simple podría perder su tiempo en relatarlo. Tal vez la indignación fotosíntica de las plantas vivas no les permita ser narradoras objetivas… Y de repente el tiempo de los seres vivos reinicia su juego habitual con el espacio. Don Ciprés empieza hablar: ¡Nunca, en mi larga sombra, me encontré con un caso como este… -¡Paren inmediatamente este juicio!- Se escucha gritar al fondo de la sala Acaba de entrar un Geranio de un balcón de Lavapiés… -¡Señor juez, es importante que escuche una prueba que dará un giro importante puedo demostrar que – plantita – es inocente!- Toda la flora, incluido el juez, se acaba de quedar petrificada… Una interrupción así tampoco tiene precedente… Ahora el tiempo petreo se rompe, por una mirada directa de don Ciprés a don Romero. El abogado no sabe nada de este flamenco testigo… Pero parece que aún así… sí, efectivamente: parece que el juez permite declarar a doña Geranio, tal vez para tomarse tiempo para justificar su insólita mudez. “… Juro decir la verdad y nada más que la verdad. Mi posición me da privilegio como testigo. Soy vecina de la acusada, y como estoy muy bien situada, puedo ver desde mi balcón la ventana de su patio interior. – plantita – no hizo su ofensiva petición por voluntad propia. No quiere en realidad ser un mamífero. No quiso renunciar a nuestro reino por capricho sino por AMOR…” Don Ciprés le anima a que se explique… “…El culpable de este juicio es el humano, como de todas las aberraciones a la naturaleza que conocemos…” Después de tan contundente afirmación de doña Geranio, las otras plantas comentan: ¡Es verdad! ¡siempre lo mismo! ¡Tiene más razón que un cactus! “…El humano que cobija a – plantita – publicó hace unas semanas un anuncio en sus redes sociales. Y el anuncio dice así: URGENTE: Se busca mamífero para compartir próximos confinamientos. SE OFRECE: Compañía y cuidado bien remunerado. REQUISITOS: Ser adaptable a un hábitat reducido, 38M2 a compartir. De sangre caliente y vertebrado. Capaz de responder a su nombre. Y por favor con pelo. INTERESADOS: Escribir, ladrar o maullar por privado y con urgencia. Pasé de hablar con mi planta a acariciarla, mucho, y la estoy dejando seca.
Cuando doña Geranio termina de leer la sala se impregna de silencio por esporas. El juez solo puede romper su insólita mudez, preguntando a plantita: ¿Tiene algo que declarar? Sí señor juez. (El silencio de la sala se rompe por un suspiro vegetal) …Sólo quiero decir que amo a mi humano y que lo volvería a hacer volvería a intentar convertirme en un mamífero Y en realidad no tenía otra opción: ¿Nadie ha pensado que mi humano, en su desesperada inmadurez para entender la soledad, en su egocéntrica tristeza… estaba olvidando algo esencial para mí que era regarme? Hubiera muerto seca igual sin pasar por este juicio rimbombante. El silencio se hace raíz en el espacio. Don ciprés solo alcanza a pensar que por una vez le hubiera gustado dejar de ser perenne. Y en ese santo silencio se empieza a escuchar un leve sonido que proviene de mi tiesto. Dos de mis plásticas hojas se chocan entre sí, están aplaudiendo…. Ya no soy inerte… ¿Será que esta toma de conciencia…? ¿Será que la conciencia nos libera de la indolencia? Ahora soy consciente, me equivoqué: El final no estaba escrito… FI